Andrea Patricia Reyna – Ancón, Panamá

Silvia Luna – Parita, Herrera
31 enero, 2018
En verdad no sé si lo vayan a leer ya que como yo, deben haber muchísimas personas que quieren contar sus experiencias y bueno, tal vez no les dé el tiempo de leer mi experiencia como tal y cómo me pareció el retiro... Un amigo me invitó a este. Y de por sí, ya yo estaba súper emocionada ya que era mi primera vez viniendo a este retiro. En parte también tenía miedo de no sentir nada, de volver a casa de la misma manera en que me fui y tenía miedo de alejarme de Cristo. Tres días antes del retiro tenía cosas que hacer en el colegio (mi colegio es de calendario B). Ejercicios, tareas, portafolios y cuadernos por entregar. Honestamente, sonará bobo pero es como yo me sentí. Literalmente, días antes del retiro no tuve tiempo de emocionarme por tantas cosas que tenía en la cabeza y en parte eso bajo mis ánimos para ir al retiro. Ya el miércoles después del colegio me empecé a sentir ansiosa, nerviosa porque no sabía lo que me esperaba. Ya estando en el bus para ir hacia el retiro solo podía pensar en una sola cosa... Mi relación con Cristo. Pensaba en todos mis errores, todas mis caídas y dolores. Cuando paramos a comer me empecé a sentir súper mal... Tenía gastritis, vomité y todo. Y solo podía pensar en que tal vez era una señal para no ir al retiro o que no estaba preparada para lo que se venía bajando. Ya después me dieron una medicina y nos fuimos. Ya en el camino solo dormí y dormí hasta llegar a la casa en donde nos íbamos a quedar a dormir. Solo recuerdo que todos nos acostamos como a las 4 de la mañana para despertarnos como a las 7 para desayunar y arreglar todo. Después de almorzar, nos dirigimos hacia la feria de azuero en donde se iba a dar el retiro. Ya cuando llegamos estábamos justo en frente de la tarima. Empezaron la animación y como yo era nueva, no me sabía ninguna canción así que solo bailaba y aplaudía a más no poder. Después llegó María y no pude evitar emocionarme. Todos los detalles, esa belleza es inigualable. Que hermosa mujer, la elegida. Ella permitió la salvación y toda mi vida estaré agradecida. Luego se acabo el primer día, nos fuimos a lo casa a orar y compartir la experiencia del día para entonces irnos a bañar y dormir. Cada día nos despertábamos como a las 4 de la mañana para estar allá como a las 5:45 A. M. para esperar a que empezara a las 8 de la mañana. El segundo día estaba aún más emocionada ya que venían los predicadores de los cuales aprendí tanto. Hice SILENCIO paro poder escucharlos. ESCUCHÉ cada predica de aquellos adultos que me dieron a entender todo. Me Ilené de ALEGRÍA en cada canción de animación. Me COMPROMETÍ a cambiar. Y tome la DECISIÓN de servirle a Jesús. Pude perdonar de verdad, de corazón y de alma a quien en un pasado me hizo daño. Todo fue gracias a Dios. El tercer día tuve mi encuentro personal con él. Con ese bellísimo Santísimo. El espíritu santo tocó mi corazón y ese vacío que en algún momento sentí se llenó del amor de Cristo Jesús. El cuarto día disfruté cada momento, al comulgar fue un momento en el que sentí que finalmente él llegó paro quedarse en mi corazón. Lo que tanto había buscado por fin lo encontré. Ya sé en qué soy buena, ya sé qué es lo que me diferencia a mí de los demás. Mi pasión por Cristo me diferencia de los demás. El amor que yo siento por él no me lo quita nadie. Salí de ese retiro con un gozo en mi ser, con una felicidad tremenda... Pero sobretodo salí de ese retiro con Jesús en mi corazón. No dormir lo suficiente, no tener ningún aparato electrónico, estar rodeado de personas que lo aman al igual que yo, el sol, el sueño, el hambre, el dolor y el cansancio; TODO VALIÓ LA PENA. Cuando se trata de Jesús y Mamá María todo vale la pena, y no me importaría desvelarme por más de un mes, o ayunar todos los días de mi vida o dejar de comer carne por el GRAN REY DE MI VIDA. No hago esto para ganar fama, followers o likes... Lo hago para que personas como yo, que estaban pérdidas, vayan y se unan en el camino de Dios como yo lo hice.

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